
On the 10th anniversary of The Tandana Foundation, the dream of an exchange program from Ecuador to the United States was born. A group of university students at that time requested the opportunity to participate in a cultural exchange and share their culture.
Un sueño hecho realidad: El intercambio del Águila y el Cóndor

En el aniversario número 10 de la Fundación Tandana, nació el sueño de hacer un intercambio desde Ecuador hacia los Estados Unidos, un grupo de estudiantes universitarios de ese tiempo, hicieron la solicitud de poder hacer el intercambio cultural y mostrar nuestra cultura.
Desde el inicio de la Fundación Tandana en el año 2005 se han recibido a grupos de extranjeros voluntarios en las diferentes comunidades de la parroquia de Quichinche quienes nos han realizado actividades comunitarias como la Minga, así como también nos enseñaron su cultura y costumbres; como parte de horas de labor social, los estudiantes becados de Universidad han tenido la oportunidad de realizar conjuntamente las actividades comunitarias con los grupos extranjeros y compartir por un momento la cultura y el idioma. Desde aquí comienza en sueño de un intercambio a Estados Unidos.
El camino ha sido muy largo, hemos encontrado dificultades en el camino, pero el sueño jamás desapareció, la ilusión de volar, conocer otro lugar, a otras personas, aprender de forma directa de la costumbre, el idioma, la comida y convivir en otro entorno siempre estuvo presente.
Han pasado algunas generaciones de estudiantes y siempre se mantuvo presente el sueño que alguna vez empezó a sonar en cada uno de nuestros pensamientos.
Después de tantos años en el 2024 empezó por fin el proceso de selección y los trámites de cada estudiante, se seleccionó a 9 de 19 estudiantes, quienes demostraron a través de una encuesta los motivos por los cuales les gustaría tener un intercambio en otro país.
El 1 de mayo del 2025 9 estudiantes y yo fuimos a Quito para obtener una visa, y aquí se presentó el más grande de los obstáculos, cinco estudiantes quedaron en lista de espera y cinco, incluido yo fuimos negado.
La tristeza, incertidumbre, desilusión y mucho más empezó en cada uno de nosotros, pero como siempre decimos, “Cuando más obscuro está es porque pronto va a amanecer”, y así fue después de mi segundo intento pude obtener la visa al igual que los cinco estudiantes más, Sisa, Cindy, Joselyn Mariuxi, Fredy y yo. Aquí empezamos a ver y a sentir que el sueño estaba a poco de hacerse realidad.
El 8 de septiembre nuestro sueño de volar comenzó, sin experiencia, con nervios, miedo, pero alegres de conseguir hacer realidad el vuelo del Cóndor hacia el norte.
Puedo decir, que cuando nos permitieron pasar a Estados Unidos, el sueño empezó para mí y para los cinco estudiantes, desde este día 9 de septiembre comenzaba el intercambio cultural, un nuevo reto para cada uno, mientras nuestros estudiantes preparaban sus temas de exposición, repasaban la danza tradicional, yo compartía con cada uno, motivando y escuchando a cada uno, los nervios se sentían cada vez más porque el tiempo pasaba muy rápido.
Llegar a Mancos, Colorado, fue el inicio de este gran viaje, no solo se trataba de exposiciones o presentaciones, también era compartir con familias y vivir directamente de la cultura y enfrentar el reto más grande como era el idioma; pero cada uno lo hizo muy bien, crearon una conexión única con cada familia o persona de la ciudad.
El apoyo de los miembros de la Fundación Tandana siempre lo tuvimos desde un inicio, pero mucho más cuando los tuvimos presentes, el acompañamiento día a día de Anita, Hope, Ann, John, Shannon, Lisa y Danika fue fundamental para conocer mejor del equipo que apoya a esta organización desde hace muchos años, escuchar a cada uno cómo conoció a la Fundación o cómo se involucraron en diferentes programas, unos que aún continúan y otros que serán por siempre nuestras amigas, hizo que cada estudiante conozca mejor de nosotros y que algunos aspiren en algún momento ser parte de este gran equipo.

Cada día tuvimos actividades muy bien seleccionadas, recorrimos lugares diferentes, conocimos personas de diferente cultura, de diferente idioma; todos opinaban que parecía una secuencia de aprendizaje y de información, las reflexiones de cada día nos hacían darnos cuenta de todo lo que aprendíamos, de la lección que llevábamos a casa cada uno, pero lo más importante, saber que la planificación que hizo con anterioridad la Fundación fue excelente, un trabajo que fue muy bien estructurado, la evidencia de que la planificación de cada actividad que ha realizado Tandana en Ecuador también se pudo lograr en Estados Unidos.
Para mí, esta fue la mejor experiencia, poder demostrar la cultura, presentar el programa de becas y sus estudiantes a muchas personas y en muchos lugares fue la mejor parte, todos estaban interesados en conocer más de cada persona, pero sobre todo de la Fundación, los estudiantes fueron nuestros embajadores directos, fueron quienes compartieron sus propias experiencias y lo importante demostrar que un pedacito de Ecuador al mundo.

Tener a cinco personas alrededor mío, quienes confiaban en mí, quienes se apoyaron para desafiar cualquier adversidad me hizo sentir muy importante, pero lo mejor fue compartir con las familias que conocimos en Mancos, personas amables, generosas, que desde l primer día fueron madre o padres de familia con nuestros estudiantes, que abrieron sus puertas con cariño para recibirnos a todos, quienes aprendieron de nuestras costumbres, quienes también superaron la barrera del idioma.
El vuelo del Águila y el Condor se cumplía día a día, en cada detalle nos demostramos a nosotros mismos que el Cóndor si podía volar en otro cielo y que lo más importante es que juntos eran un complemento, llevaré en mi corazón este viaje inolvidable, pero también sé, que es el inicio de muchos recorridos más.
El Cóndor regreso a casa, pero trajo muchas oportunidades más, muchos sueños y aspiraciones de mejorar cada día nuestra vida, de cuidar de nuestro entorno, pero lo más lindo, saber que los lazos de unión que creamos en cada lugar, en cada pueblo, en cada persona, es una semilla que dejamos y que esperamos florezca y de frutos.
English
A dream come true: The Eagle and the Condor exchange

On the 10th anniversary of The Tandana Foundation, the dream of an exchange program from Ecuador to the United States was born. A group of university students at that time requested the opportunity to participate in a cultural exchange and share their culture.
Since the Tandana Foundation’s inception in 2005, groups of foreign volunteers have been welcomed by the various communities of the Quichinche parish. These volunteers have participated in community activities such as the minga (a traditional form of communal work), and have also shared their culture and customs with us. As part of their community service hours, university scholarship students have had the opportunity to participate in community activities alongside the foreign groups and share their culture and language. From this experience, the dream of an exchange program to the United States began.
The journey has been long, and we have encountered difficulties along the way, but the dream never faded. The desire to fly, to see another place, to meet other people, to learn firsthand about customs, language, food, and to live in a different environment has always been present.
Several generations of students have passed, but the dream that once began to resonate in each of our thoughts has always remained.
After so many years, in 2024, the selection process and paperwork for each student finally began. Nine out of nineteen students were selected, having demonstrated through a survey their reasons for wanting to participate in an exchange program abroad. On May 1, 2025, nine students and I traveled to Quito to obtain visas, and here we encountered the biggest obstacle: five students were placed on the waiting list, and five, including myself, were denied.
Sadness, uncertainty, disappointment, and much more began to affect each of us, but as we always say, “The darkest hour is the light of day,” and so it was. After my second attempt, I was able to obtain the visa, as had five of the students: Sisa, Cindy, Joselyn Mariuxi, and Fredy. Here we began to see and feel that the dream was about to become a reality.
On September 8, our dream of flying began, without experience, with nerves and fear, but joyful to finally make the Condor’s flight north a reality. I can say that when we were allowed to cross into the United States, the dream began for me and the five students. From that day, September 9, the cultural exchange began, a new challenge for each of us. While our students prepared their presentation topics and practiced the traditional dance, I shared with each of them, motivating and listening to each one. The nerves grew stronger because time was passing so quickly.
Arriving in Mancos, Colorado, was the beginning of this great journey. It wasn’t just about exhibitions or presentations; it was also about sharing with families, experiencing the culture firsthand, and facing the biggest challenge: the language. But everyone did a fantastic job, forging a unique connection with each family or person in the town.

We had the support of The Tandana Foundation members from the very beginning, but it was even more invaluable when they were physically present. The daily presence of Anita, Hope, Ann, John, Shannon, Lisa, and Danika was fundamental in getting to know the team that has supported this organization for many years. Hearing each of them talk about how they came to know the foundation or how they got involved in different programs—some who are still working in Tandana and others who will forever be our friends—helped each student get to know us better, and some even aspired to one day be part of this amazing team.
Each day we had very well-selected activities. We visited different places, we met people from different cultures, from different languages; everyone agreed that it seemed like a sequence of learning and information. The reflections of each day made us realize everything we were learning, the lesson that each of us was taking home, but most importantly, knowing that the planning that the foundation had done beforehand was excellent. It was a trip that was very well structured, evidence that the planning of each activity that Tandana has carried out in Ecuador could also be achieved in the United States.
For me, this was my favorite experience. Being able to showcase the culture, present the scholarship program and its students to so many people in so many places was the best part. Everyone was interested in learning more about each person, but especially about the foundation. The students were our direct ambassadors; they were the ones who shared their own experiences and, importantly, showed a little piece of Ecuador to the world.
Having five people around me, who trusted me, who supported each other to overcome any adversity made me feel very important. I also enjoyed sharing with the families we met in Mancos, kind, generous people, who from the first day were like mothers or fathers to our students, who lovingly opened their doors to welcome us all, who learned about our customs, who also overcame the language barrier.
The flight of the Eagle and the Condor was fulfilled day by day; in every detail we proved to ourselves that the Condor could indeed fly in another sky and that the most important thing is that together they were a complement. I will carry this unforgettable trip in my heart, but I also know that it is the beginning of many more journeys.
The Condor returned home, but it brought many more opportunities, many dreams and aspirations to improve our lives every day, to take care of our environment, but the most beautiful thing is knowing that the bonds of friendship that we create in each place, in each town, in each person, are a seed that we leave and we hope will bloom and bear fruit.
By Verónica Pazmiño, Scholarships Coordinator
Français
Un rêve devenu réalité : l’échange entre l’Aigle et le Condor

À l’occasion du 10e anniversaire de la Fondation Tandana, l’idée d’un échange entre l’Équateur et les États-Unis a vu le jour. A cette époque un groupe d’étudiants universitaires a demandé à participer à cet échange culturel afin de faire connaître notre culture.
Depuis la création de la Fondation Tandana en 2005, des groupes de volontaires étrangers ont été accueillis dans différentes communautés de la paroisse de Quichinche. Ils ont participé à des activités communautaires telles que la Minga, et nous ont également fait découvrir leur culture et leurs coutumes. Dans le cadre de leur travail social, les étudiants boursiers de l’université ont eu l’occasion de participer à des activités communautaires avec les groupes étrangers et de partager pendant un moment leur culture et leur langue. C’est là que commence le rêve d’un échange avec les États-Unis.
Le chemin a été très long, nous avons rencontré des difficultés en cours de route, mais le rêve n’a jamais disparu, le rêve de voler, de découvrir un autre endroit, d’autres personnes, d’apprendre directement sur les coutumes, la langue, la nourriture et de vivre dans un autre environnement a toujours été présente.
Plusieurs générations d’étudiants se sont succédé, mais le rêve qui avait germé dans l’esprit de chacun d’entre nous est toujours resté présent.
Après tant d’années, en 2024, le processus de sélection et les formalités administratives pour chaque étudiant ont enfin commencé. Neuf étudiants sur dix-neuf candidats ont été sélectionnés, après avoir exprimé, à travers un questionnaire, les raisons pour lesquelles ils souhaitaient participer à un échange dans un autre pays.
Le 1er mai 2025, 9 étudiants et moi-même nous sommes rendus à Quito pour obtenir un visa, et c’est là que nous avons rencontré le plus grand obstacle : cinq étudiants ont été placés sur liste d’attente et cinq, dont moi-même, ont été refusés.
La tristesse, l’incertitude, la déception et bien d’autres sentiments ont envahi chacun d’entre nous, mais comme nous le disons toujours, « plus il fait sombre, plus l’aube est proche », et c’est ainsi qu’après ma deuxième tentative, j’ai pu obtenir le visa, tout comme les cinq autres étudiants, Sisa, Cindy, Joselyn Mariuxi, Fredy et moi-même. C’est là que nous avons commencé à voir et à sentir que notre rêve était sur le point de se réaliser.
Le 8 septembre, notre rêve de voler a commencé, sans aucune expérience préalable, avec les nerfs, la peur, mais heureux de pouvoir réaliser le vol du Condor vers le nord.
Je peux dire que lorsque nous avons été autorisés à entrer aux États-Unis, le rêve a commencé pour moi et pour les cinq étudiants. À partir de ce jour, le 9 septembre, l’échange culturel a commencé, un nouveau défi pour chacun. Pendant que nos étudiants préparaient leurs sujets de présentation et révisaient la danse traditionnelle, je partageais avec chacun d’entre eux, les motivant et les écoutant, et la nervosité grandissait à mesure que le temps passait très vite.
Notre arrivée à Mancos, dans le Colorado, a marqué le début de ce grand voyage. Il ne s’agissait pas seulement d’expositions ou de présentations, mais aussi de partager avec des familles, de vivre directement la culture et de relever le plus grand défi, à savoir la langue. Mais chacun s’en est très bien sorti, créant un lien unique avec chaque famille ou personne de la ville.
Nous avons toujours bénéficié du soutien des membres de la Fondation Tandana, mais encore plus lorsqu’ils étaient présents. L’accompagnement quotidien d’Anita, Hope, Ann, John, Shannon, Lisa et Danika a été essentiel pour mieux connaître l’équipe qui soutient cette organisation depuis de nombreuses années, écouter chacun raconter comment il a découvert la Fondation ou comment il s’est impliqué dans différents programmes, certains qui continuent encore aujourd’hui et d’autres qui resteront à jamais nos amis, a permis à chaque étudiant de mieux nous connaître et à certains d’aspirer à faire partie un jour de cette grande équipe.
Chaque jour, nous avons eu des activités très bien choisies, nous avons visité différents endroits, nous avons rencontré des personnes de cultures et de langues différentes ; tout le monde trouvait que cela ressemblait à un parcours du combattant, avec beaucoup d’apprentissage et d’information. Les moments de réflexion quotidiens nous ont permis de prendre conscience de tout ce que nous apprenions, de la leçon que chacun emportait chez lui, mais surtout, de constater que la planification préalable de la Fondation était excellente, un travail très bien structuré, la preuve que la planification de chaque activité réalisée par Tandana en Équateur pouvait également être mise en œuvre aux États-Unis.
Pour moi, cela a été la meilleure expérience, pouvoir faire découvrir la culture, présenter le programme de bourses et ses étudiants à de nombreuses personnes et dans de nombreux endroits a été la meilleure partie, tout le monde était intéressé d’en savoir plus sur chaque personne, mais surtout sur la Fondation, les étudiants ont été nos ambassadeurs directs, ce sont eux qui ont partagé leurs propres expériences et qui ont montré l’importance de faire découvrir un petit bout de l’Équateur au monde.

Avoir cinq personnes autour de moi, qui me faisaient confiance, qui se soutenaient pour relever tous les défis, m’a fait sentir l´importance de mon rôle, mais le mieux a été de partager avec les familles que nous avons rencontrées à Mancos, des personnes aimables, généreuses, qui dès le premier jour ont été comme des mères ou des pères pour nos étudiants, qui ont ouvert leurs portes avec affection pour nous accueillir tous, qui ont appris nos coutumes, qui ont également surmonté la barrière linguistique.
Le vol de l’aigle et du condor s’est accompli jour après jour, dans chaque détail, nous avons fait la preuve que le condor pouvait voler dans un autre ciel et que le plus important était qu’ensemble, l’aigle et le condor se complétaient. Je garderai toujours dans mon cœur ce voyage inoubliable, mais je sais aussi que c’est le début de nombreux autres voyages.
Le Condor est rentré chez lui, mais il a apporté avec lui de nombreuses opportunités, de nombreux rêves et aspirations pour améliorer chaque jour notre vie, pour prendre soin de notre environnement, mais le plus beau, c’est de savoir que les liens que nous avons créés dans chaque endroit, dans chaque village, avec chaque personne, sont une graine que nous avons semée et qui, nous l’espérons, fleurira et portera ses fruits.
Par Vero Pazmiño, coordonnatrice des bourses


