
I’ve always been a plant person. Growing up, my best friend was a silver maple. I’d spend lazy afternoons laying under an old hackberry, making dandelion crowns and searching for shapes in the clouds above. And on laundry day, I always received a talking-to for having an assortment of acorns, hickory nut husks, and other tree bits in my pockets. (If I’m being honest, this continues to be an ongoing issue into my forties…some things never change.) If you ask me what my favorite tree species is, it will likely depend on the day. I have too many favorites! However, there is one species that is always at the top of the list: Asimina triloba.
Best known by its common name, pawpaw, this understory tree species has quite a few feathers in its cap. Found throughout the eastern part of the United States, pawpaw is known for producing the largest edible fruit native to North America. The fruit is readily consumed by wildlife and humans alike and has gained popularity in recent years. Indeed, there are several festivals dedicated to pawpaw throughout Appalachia, including the annual Ohio Pawpaw Festival, celebrated each September in my home state. This sweet, custardy fruit has a flavor reminiscent of banana and mango and can be used to produce all sorts of goodies, from ice cream and baked goods to jams and beer. Pawpaw also plays an important role in woodland ecosystems. For instance, it serves as the host plant for the Zebra swallowtail butterfly (Eurytides marcellus) whose larvae have co-evolved with the pawpaw and feed exclusively on its leaves. Talk about the hostess with the mostess!

For me, the most fascinating thing about the pawpaw is its family tree. Many of us have that Aunt Bertha or Uncle Fred who, perhaps, doesn’t quite fit in with the bunch, but they sure do keep the family reunions interesting. Enter…the pawpaw. Along with a few other North American species in its same genus, it is the only member of its plant family outside of the tropics. There are roughly 2,400 species in the Annonaceae plant family, and its members play a dominant role in many tropical and subtropical regions of the world. How the heck did the pawpaw end up in such a relatively chilly part of the planet? The answer is…we’re not exactly sure. However, today it is the only member of its plant family that can handle frost and temperatures as low as -20°F (-29°C), and I find that pretty darn impressive.
You may be asking yourself, “What does this have to do with The Tandana Foundation?” That’s a fair question. In January, I had the amazing opportunity to spend a week in highland Ecuador with the Ohio State University Master Gardener Program. The Tandana Foundation coordinated and led this service-learning experience that provided us the chance to immerse ourselves in the local culture. We spent several days at the Escuela de Carabuela, a school found in the Andean highlands outside Otavalo, Ecuador, preparing and planting vegetable gardens to be utilized by the school and surrounding community. It’s impossible to express how impactful this experience was. Throughout the week, we took part in a variety of cultural exchange activities, including taking a traditional cooking class and touring a native medicinal plant garden. While I was certainly astounded by the beautiful scenery and incredible hospitality, what stood out the most were the people. I will forever treasure the memories that I made meeting like-minded Master Gardener Volunteers from around the state, as well as the community members whom we worked with, side-by-side. It was truly a life-changing experience that I hope to repeat in the future.

I also had the opportunity to meet a very special plant…one I had previously seen only in pictures and international grocery stores: the cherimoya. Known in the scientific community as Annona cherimola, cherimoya is a tropical tree that grows across Central America, as well as the northern and western parts of South America. Found throughout Ecuador, this broad-spreading tree produces large, bumpy, green fruit with sweet, creamy flesh that are commonly known as custard apples. Often eaten fresh or enjoyed as an ice cream or custardy dessert, custard apples have a sweet and tropical flavor that tastes like the delectable result of a banana-pineapple-papaya-peach mishmash. One might call it nature’s smoothie.
As you may have already guessed, pawpaw is a long-lost relative to cherimoya. Along with other tropical ancestors that you may be familiar with including sweetsop, soursop, and ylang-ylang, they are all members of the Annonaceae plant family. Being a self-diagnosed plant nerd, I can’t tell you how excited I was to be able to meet a southern cousin to the pawpaw. And not only did I have a chance encounter with a cherimoya tree, I also had the opportunity to taste the fruit. (I would never, NEVER freely admit that I thought it was a tad bit tastier than a pawpaw…though I will acknowledge that the flavor resemblance was certainly uncanny.)
Pawpaw and cherimoya – their stomping grounds so far away; thriving on opposite sides of the equator! Yet, they share ancient ancestors and so many similarities. I can’t help but liken this to the relationships we built with the Carabuela indigenous community that welcomed us with open arms. Despite differences in culture and language, we shared sweat, smiles, meals, and conversation. It just goes to show, some things are universal.
By Carrie Brown
Español
Encuentros extraordinarios en Ecuador

Siempre me han gustado las plantas. De pequeña, mi mejor amigo era un arce plateado. Me pasaba las tardes tumbadas bajo un viejo almez, haciendo coronas de dientes de león y buscando formas en las nubes. Y el día de la colada, siempre recibía una reprimenda por llevar en los bolsillos un surtido de bellotas, cáscaras de nuez de nogal y otros trozos de árbol. (Para ser sincera, esto sigue siendo un problema a mis cuarenta años… algunas cosas nunca cambian). Si me preguntan cuál es mi especie de árbol favorita, probablemente dependerá del día. Tengo demasiados favoritos. Sin embargo, hay una especie que siempre encabeza la lista: Asimina triloba.
Más conocida por su nombre común, pawpaw, esta especie arbórea del sotobosque tiene muchas cosas a su favor. Se le encuentra en todo el este de Estados Unidos y es conocida por producir el fruto comestible más grande de Norteamérica. La fruta es consumida fácilmente tanto por la fauna como por los humanos, y ha ganado popularidad en los últimos años. De hecho, hay varios festivales dedicados a la pawpaw en los Apalaches, entre ellos el Ohio Pawpaw Festival, que se celebra todos los años en septiembre en mi estado natal. Esta fruta dulce y cremosa tiene un sabor que recuerda al del plátano y el mango, y con ella se elaboran todo tipo de delicias, desde helados y productos horneados hasta mermeladas y cerveza. La pawpaw también desempeña un papel importante en los ecosistemas forestales. Por ejemplo, es la planta huésped de la mariposa cola de cebra (Eurytides marcellus), cuyas larvas han coevolucionado con el pawpaw y se alimentan exclusivamente de sus hojas. Es la anfitriona por excelencia.

Para mí, lo más fascinante del pawpaw es su árbol genealógico. Muchos de nosotros tenemos una tía Lupita o un tío Alberto que, aunque no encajen en el grupo, hacen que las reuniones familiares sean interesantes. Aquí entra… el pawpaw. Junto con otras pocas especies norteamericanas de su mismo género, es el único miembro de su familia de plantas fuera de los trópicos. Hay unas 2.400 especies en la familia de las Annonaceae, y sus miembros desempeñan un papel dominante en muchas regiones tropicales y subtropicales del mundo. ¿Cómo demonios acabaron la pawpaw en una zona tan relativamente fría del planeta? La respuesta es… no estamos seguros. Sin embargo, hoy en día es el único miembro de su familia de plantas capaz de soportar heladas y temperaturas de hasta -29 °C (-20 °F), lo cual me parece impresionante.
Quizá se pregunte: “¿Qué tiene esto que ver con la Fundación Tandana?”. Es una buena pregunta. En enero, tuve la increíble oportunidad de pasar una semana en el altiplano ecuatoriano con el Programa de Maestros Jardineros de la Universidad Estatal de Ohio. La Fundación Tandana coordinó y dirigió esta experiencia de aprendizaje-servicio que nos brindó la oportunidad de sumergirnos en la cultura local. Pasamos varios días en la Escuela de Carabuela, situada en la sierra andina, a las afueras de Otavalo (Ecuador), preparando y plantando huertos para uso de la escuela y la comunidad circundante. Es imposible expresar lo impactante que fue esta experiencia. A lo largo de la semana, participamos en diversas actividades de intercambio cultural, como una clase de cocina tradicional y una visita a un huerto de plantas medicinales autóctonas. Aunque me quedé asombrada por la belleza del paisaje y la increíble hospitalidad, lo que más me impresionó fue la gente. Atesoraré para siempre los recuerdos que me han dejado los encuentros con Jardineros Maestros Voluntarios de todo el estado, así como con los miembros de la comunidad con los que hemos trabajado codo con codo. Fue una experiencia que me cambió la vida y que espero repetir en el futuro.

También tuve la oportunidad de conocer una planta muy especial… que hasta entonces sólo había visto en fotos y en tiendas de comestibles internacionales: la chirimoya. Conocida en la comunidad científica como Annona cherimola, la chirimoya es un árbol tropical que crece en toda Centroamérica, así como en el norte y el oeste de Sudamérica. Este árbol de amplia expansión, presente en todo Ecuador, produce frutos verdes, grandes y abultados, de pulpa dulce y cremosa, conocidos como chirimoyas. Las chirimoyas, que suelen comerse frescas o como helado o postre, tienen un sabor dulce y tropical que recuerda al delicioso resultado de una mezcla de plátano, piña, papaya y melocotón. Se podría decir que es la malteada de la naturaleza.
Como ya habrán adivinado, el pawpaw es un pariente lejano de la chirimoya. Junto con otros ancestros tropicales que quizá conozcas, como la guanábana y el ylang-ylang, pertenecen a la familia de las Annonaceae. Siendo una fanática confesa de las plantas, no puedo expresar lo emocionada que estaba de poder conocer a un primo sureño del pawpaw. Y no sólo tuve un encuentro casual con un árbol de chirimoya, sino que también tuve la oportunidad de probar la fruta. (Nunca, NUNCA admitiré públicamente que me pareció un poquito más sabrosa que una pawpaw… aunque reconoceré que el parecido de sabor era ciertamente asombroso).
La pawpaw y la chirimoya, sus tierras de origen tan lejanas, prosperan en lados opuestos de la línea del ecuador. Sin embargo, comparten antepasados ancestrales y muchas similitudes. No puedo evitar compararlo con las relaciones que entablamos con la comunidad indígena de Carabuela, que nos recibió con los brazos abiertos. A pesar de las diferencias culturales y lingüísticas, compartimos sudor, sonrisas, comidas y conversaciones. Esto demuestra que algunas cosas son universales.
Por Carrie Brown
Français
Rencontres extraordinaires en Équateur

J’ai toujours aimé les plantes. Dans mon enfance, mon meilleur ami était un érable argenté. Je passais des après-midi paresseux, allongée sous un vieux micocoulier, à faire des couronnes de pissenlits et à chercher des formes dans les nuages. Et le jour de la lessive, je recevais toujours une bonne leçon parce que j’avais dans mes poches un assortiment de glands, de coques de noix de caryer et d’autres morceaux d’écorces ou de branches. (Pour être honnête, ce problème persiste encore aujourd’hui, alors que j’ai la quarantaine… certaines choses ne changent jamais). Si vous me demandez quelle est mon espèce d’arbre préférée, cela dépendra probablement du jour. J’ai trop de favoris ! Cependant, il y a une espèce qui est toujours en haut de la liste : Asimina triloba.
Mieux connue sous son nom commun, le pawpaw ou papayer dans certaines régions, cette espèce d’arbre de sous-bois à quelques cordes à son arc. Présent dans toute la partie orientale des États-Unis, le pawpaw est connu pour produire le plus gros fruit comestible originaire d’Amérique du Nord. Le fruit est facilement consommé aussi bien par les animaux sauvages que par les humains et a gagné en popularité ces dernières années. En effet, plusieurs festivals sont consacrés au pawpaw dans les Appalaches, notamment le festival annuel du pawpaw de l’Ohio, célébré chaque année en septembre dans mon État d’origine. Ce fruit sucré, au goût de crème pâtissière, rappelle la banane et la mangue et peut être utilisé pour produire toutes sortes de friandises, de la crème glacée aux produits de boulangerie, en passant par les confitures et la bière. Le pawpaw joue également un rôle important dans les écosystèmes forestiers. Par exemple, il est la plante hôte du papillon Zebra swallowtail (Eurytides marcellus), dont les larves ont évolué avec le pawpaw et se nourrissent exclusivement de ses feuilles. C’est l’hôtesse qui a le plus d’atouts !

Pour moi, l’aspect le plus fascinant du pawpaw est son arbre généalogique. Nous sommes nombreux à avoir une tante Louise ou cet oncle Jules qui ne s’intègre peut-être pas tout à fait dans le groupe, mais qui rend les réunions de famille intéressantes. Voici… le pawpaw. Avec quelques autres espèces nord-américaines du même genre, c’est le seul membre de sa famille végétale qui vive en dehors des tropiques. La famille des Annonaceae compte environ 2 400 espèces et ses membres jouent un rôle dominant dans de nombreuses régions tropicales et subtropicales du monde. Comment le pawpaw a-t-il pu se retrouver dans une région relativement froide de la planète ? La réponse est… on ne sait pas au juste ! Quoi qu’il en soit, c’est aujourd’hui le seul membre de sa famille à pouvoir résister au gel et à des températures aussi basses que -29 °C. Je trouve cela plutôt impressionnant.
Vous vous demandez peut-être : “Quel est le rapport avec la Fondation Tandana ?”. C’est une bonne question. En janvier, j’ai eu la chance extraordinaire de passer une semaine dans les hauteurs de l’Équateur avec le programme des maîtres jardiniers de l’université d’État de l’Ohio. La Fondation Tandana a coordonné et dirigé cette expérience d’apprentissage par le service qui nous a permis de nous immerger dans la culture locale. Nous avons passé plusieurs jours à l’Escuela de Carabuela, une école située dans les hautes terres andines à l’extérieur d’Otavalo, en Équateur, à préparer et à planter des jardins potagers qui seront utilisés par l’école et la communauté environnante. Il est impossible d’exprimer à quel point cette expérience a été marquante. Tout au long de la semaine, nous avons participé à diverses activités d’échange culturel, notamment à un cours de cuisine traditionnelle et à la visite d’un jardin de plantes médicinales indigènes. Bien que j’aie été stupéfaite par la beauté des paysages et l’incroyable hospitalité, ce sont les gens qui m’ont le plus impressionnée. Je garderai toujours en mémoire les souvenirs de mes rencontres avec des maîtres jardiniers bénévoles de tout l’État, ainsi qu’avec les membres de la communauté avec lesquels nous avons travaillé côte à côte. Cette expérience a véritablement changé ma vie et j’espère pouvoir la renouveler à l’avenir.

J’ai également eu l’occasion de rencontrer une plante très spéciale… que je n’avais vue auparavant que sur des photos et dans des épiceries internationales : le chérimolier. Connu dans la communauté scientifique sous le nom d’Annona cherimola, le chérimolier est un arbre tropical qui pousse dans toute l’Amérique centrale, ainsi que dans les parties nord et ouest de l’Amérique du Sud. Présent dans tout l’Équateur, cet arbre à large ramification produit de gros fruits verts, bosselés, à la chair sucrée et crémeuse, communément appelés “pommes custard”. Souvent consommées fraîches ou sous forme de crème glacée ou de dessert à base de crème anglaise, les pommes custard ont une saveur douce et tropicale qui ressemble au résultat délectable d’un mélange banane-ananas-papaye-pêche. On pourrait l’appeler le smoothie de la nature.
Comme vous l’avez peut-être déjà deviné, le pawpaw est un parent lointain du chérimolier. Avec d’autres ancêtres tropicaux qui vous sont peut-être familiers, comme le sweetsop, le soursop et l’ylang-ylang, ils font tous partie de la famille des Annonaceae. En tant que passionnée de plantes, je ne peux pas vous dire à quel point j’étais excitée à l’idée de rencontrer un cousin méridional du pawpaw. Et non seulement j’ai rencontré par hasard un chérimolier, mais j’ai également eu l’occasion d’en goûter les fruits. (Je n’admettrai jamais, JAMAIS, que j’ai trouvé ce fruit un peu plus savoureux qu’une papaye… même si je reconnais que la ressemblance de goût était certainement troublante). Le
pawpaw et la cherimoya – leurs terres d’origine sont si éloignées ; ils prospèrent de part et d’autre de l’équateur ! Pourtant, ils partagent d’anciens ancêtres et de nombreuses similitudes. Je ne peux m’empêcher de comparer cela aux relations que nous avons nouées avec la communauté indigène de Carabuela, qui nous a accueillis à bras ouverts. Malgré les différences de culture et de langue, nous avons partagé le travail, les sourires, les repas et les conversations. Cela montre bien que certaines choses sont universelles.
Par Carrie Brown