How faith, family, and funding opens doors

Mónica López is a young woman with a strong faith in God, as evidenced by the t-shirt she wore to our interview, featuring a representation of the Lion of Judah. Like the Lion, her faith has given her the strength and determination needed to succeed. The following is Monica’s story, told in her own words, and excerpted from the interview.

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Cómo la fe, la familia y la financiación abren puertas

Mónica López es una mujer joven con una fuerte fe en Dios, como lo demuestra la camiseta que usó en nuestra entrevista, con una representación del León de Judá. Como el León, su fe le ha dado la fuerza y ​​la determinación necesarias para triunfar. La siguiente es la historia de Monica, contada con sus propias palabras y extraída de la entrevista.

Mónica López

“Yo nací aquí en Quichinche.  Y nosotros estamos conformados por cinco hermanos en total, con nuestros papás somos siete en la familia. Nuestros papás siempre han querido que nos superemos, aprendamos, y entremos a estudiar. Nos han llevado a la escuela, y desde el inicio nos han educado.  Hemos crecido igual en la escuela aquí de Quichinche.  Todos hemos terminado la escuela aquí. Sí, hasta el sexto grado hemos estudiado aquí.

“Yo soy la primera hija. Entonces, yo tuve la oportunidad de terminar aquí y pasar luego al colegio a estudiar en un instituto en Otavalo.  Con los gastos de esto, Tandana me ayudó porque era una de las estudiantes que tenía mejor nota en la escuela. Eso ha sido unos diez años ya pasados.  Entonces, a nosotros nos decían que sabe también nuestro profesor que hay unas becas, y que nosotros que queremos debemos acercarnos con don Vicente, que está encargado de esas.  Entonces, nosotros estábamos felices porque mi gran anhelo fue siempre y ha sido poder estudiar, prepararme.

“Ese gran anhelo es porque, primero, bueno, en la historia de mis anteriores, siempre nuestra cultura, nuestra puebla indígena, siempre había sido rechazada por la sociedad, por los mestizos, que eran la clase alta. Sólo los mestizos tenían la posibilidad de estudiar en la escuela, el colegio, la universidad, y mayormente sólo eran los mestizos que preparaban las carreras, porque antes cobraban el colegio. Ahora el colegio es gratuito.  Antes no era gratuito y los indígenas no tenían recursos.  Muy pocas personas podían pagar la escuela.  Y por este motivo, tenía este gran anhelo por ver si podría estudiar y superarme y mostrarles a las demás personas que los indígenas somos capaces también de tener nuestros títulos, y ser profesionales, y también contribuir a la sociedad, porque por profesionales también se construye a la sociedad.

“También, antes en la historia, que las mujeres eran rechazadas y que sólo los hombres eran los que se podían preparar, y las mujeres eran solamente para la casa, cuidar a los hijos, y ayudar en la casa. Ellas no podían estudiar.  Pero en el tiempo donde estaba yo, no dio problema en eso, porque ya la educación era para todas las personas.  Realmente sí, y la sociedad que es un poco machista en este sentido, pero considero que no ha habido mucho problema en eso desde el tiempo en que he estado.  Ellas trabajan como secretarias, y contadoras, administración de impresas.  También hay mujeres que son ahora bomberas.  Así es la revolución.

“Terminé el colegio, y yo di las pruebas para ingresar en la universidad.  Yo quería para abogada, pero no me alcanzó el puntuaje.  Y me dijeron para que estudiara la sicología en Quito. Entonces, en ese tiempo también mis padres me dijeron que no va a ser posible mandarme a Quito.  Que no hay dinero. Yo rechacé esa oportunidad de poder estudiar sicología.  Entonces dejé eso y trabajé un año y medio en la tienda de una tía en Panecillo.  Pero yo me sentía muy frustrada porque decía, qué puedo hacer para poder estudiar, porque yo quiero tener mi título­?   Desde pequeña yo lo quería. Decía , no sé qué voy a hacer, pero justo la fundación, dije, voy a ver  si puede ayudarme.  Entonces fui a averiguar cómo pueden ayudarme para la universidad.  Entonces me dijeron que hay la posibilidad y que yo puedo estudiar en una universidad particular.  Esta universidad está en Ibarra, la Universidad Católica Pontifical, y que me van a cubrir el cincuenta  por ciento  de lo que  logra  la matrícula.

“Y justo fui a la universidad, y me dijeron que sí, hay la carrera para ser abogada.  Y me dijeron, también, que tenían becas para las personas que no tenían recursos.  Presenté todos los papeles, y me dijeron que me bajaran la mitad de la matrícula.  La total me dijeron estaba $1800 por semestre.  Si me bajaran los 50%, como a $900, Tandana me ayudara con la mitad.  Con esta mitad que Tandana me dio, también puedo cubrir la lista de los útiles, y los pasajes, que me ayuda, porque no es muy cerca la universidad. De esa manera fue como ingresé a la universidad.

“Gracias a Dios porque la fundación nos pudo ayudar y también de la parte de la universidad hubo una baja de la matrícula, porque no hubiese alcanzado el gran pago por eso.   En esa universidad siempre ha sido sólo  las personas que tienen mucho dinero, porque es una universidad muy cara. Y decía, yo no podría llegar a eso. Pero sí, he visto a varias mujeres indígenas, y que están estudiando allí también.  Es que ahora ya, como han abierto  más las puertas para con las becas y todo eso, porque antes eran sólo para personas que tenían dinero. También no era sólo para las personas católicas.  Yo no soy católica.  Pero en esta vez fui y me dijeron que no, que no hay ningún problema, que católicos y no católicos, incluso ateos, están estudiando allí.

“Estudié allí y también me sentí un poco avergonzada en la universidad, porque decía que allí sólo estudian personas de mucho dinero que van a sentir superior a los que no tienen.  Pero no, la verdad es que durante todo este tiempo no he visto esta discriminación, incluso cuando tenía que ir vestida de indígena, porque ha sido varias cosas de importancia en la universidad.  Me dicen que se sienten muy felices de ver a una persona indígena estudiando porque ellos han escuchado que las personas indígenas son discriminadas y no pueden superarse, que les da mucho gusto que una persona indígena pueda superarse y mostrarle a la sociedad.

“Me gusta la carrera de abogada porque una de las cosas que encanta a mí es realizar la ayuda social.  Me encanta ayudar a las personas que necesitan de mí.  Y también hubo un problema en familia. Un familiar mío tuvo un problema judicial.  Fue muy injusto que lo hayan sentenciado a tantos años de cárcel, porque él no tenía la culpa. Entonces, yo vi que de esa misma manera había muchas personas que por no tener dinero no pueden contratar a un abogado o una abogada que les pueda ayudar.  Desde allí es como que me gustó mucho la carrera de abogada.   

Amo mucho lo que estoy haciendo, porque veo que es importante ayudar a las personas de cualquiera profesión. Siempre es importante ayudar a las personas y ser humildes. No sentirnos superiores a los demás porque nosotros venimos de abajo.  Si yo tengo un cliente que necesita mi ayuda y no tiene con que pagarme, yo le podría ayudar de forma gratuita de todo corazón.

Mónica López

“Sigo estudiando. Me faltan ya tres semestres.  Voy a clases de lunes a viernes, y los horarios desde el inicio han sido muy feos, muy complicados, porque me ha tocado estar todo el día en la universidad porque no puedo regresar a la casa. He tenido como más gastos y más esfuerzos para mis papás para darme para que yo pueda quedarme, comer ya, y regresar en la noche. Me han tocado horarios distintos en todo el día, y en este semestre me tocó casi todo en la tarde, sólo de las seis de la tarde hasta las diez de la noche.

“Vuelvo de noche, regreso a las once u once y media o doce, en la casa. El autobús desde Ibarra me deja en el parque de Otavalo y luego mi papi me recoge y venimos caminando, como unos 45 minutos.  Por otros es más fácil regresar en la noche, coger un taxi, o sus papás tienen carro y van a verlos y regresan a la casa.  Pero es muy complicado para mí coger un taxi, porque no tengo dinero para un taxi que cobra como $4. A veces un carro pasa, pita, y nos lleva, pero eso es raras veces.

“Durante todo este tiempo que estoy estudiando lo que me está llamando la atención es el derecho de la familia. Trata sobre los asuntos de los hijos, asuntos cuando un padre abandona a una madre, y los derechos de los niños, y de la mujer. También me llamó mucho los derechos de las personas, que por cosas injustas están en la cárcel.  Otra cosa que me gusta es el derecho laboral.  En este semestre, me da mucha la atención de que haya muchas injusticias de la parte de los jefes hacia sus trabajadores, que no les pagan el sueldo completo, que les roban la totalidad, que les hacen trabajar más tiempo y no les pagan por este tiempo, que les despiden sin motivos, y simplemente porque los jefes se enojan.

“Hasta ahora mi papi no estaba trabajando porque no le pagaban bien.  El siempre trabajaba en las flores, cultivando rosas.  Le pagan un sueldo muy bajo pero no alcanza por una familia muy grande.  Por eso se fue a trabajar en el cultivo de una hacienda, cultivando cosas como cebollas, maíz.  Me da tristeza porque se esfuerza mucho. Hace mucho sol, y tiene que estar afuera muchas horas. Pero consiguió trabajo, porque no se descansa, porque mis hermanos ya están estudiando y mi hermana la tercera quiere también estudiar y está casi próxima a terminar el colegio.  Mi papi anhela que todos nosotros podamos tener nuestra profesión y nos ha dicho que él quiere que todos tengamos una profesión, que él no quiere que quedemos frustrados en no terminar la escuela.

“Agradézcolo a la Fundación Tandana porque ha sido muy buena ayuda y realmente ha abierto muchas puertas para poder conseguir lo que hoy estoy realizando. Es admirable que personas del extranjero, de otros países, que no nos conocen, confíen en nosotros y dicen, ¨Bueno, voy a darle esto,¨ aun sin ser familia, porque muchas veces ni las familias dicen ¨Ten, para que vayas a los estudios.¨ Esto es muy admirable.  De verdad, agradezco a la Fundación Tandana y a cada una de las personas que conforman la fundación.  Gracias a Uds., muchas personas que no podían por sus situaciones económicas estudiar, han graduado y están trabajando.”

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How faith, family, and funding opens doors

Mónica López is a young woman with a strong faith in God, as evidenced by the t-shirt she wore to our interview, featuring a representation of the Lion of Judah. Like the Lion, her faith has given her the strength and determination needed to succeed. The following is Monica’s story, told in her own words, and excerpted from the interview.

Mónica López

“ I was born in Quichinche into a family of five children, seven people including my parents. Our parents have always wanted us to strive to excel, to learn, and to study. They took us to the primary school in Quichinche and made sure we all finished school here [through the 6th grade].

I am the oldest child. So I had the opportunity to go on to high school in Otavalo. Tandana helped me to pay the costs of going to high school [transportation and school supplies] because I was one of the students with the best grades in the school. That was about 10 years ago when my teacher told us there were scholarships available and to apply to Don Vicente who oversaw the scholarship program. So we were happy to do so, since my great desire was to study and to prepare myself. This has always been my goal, because in the history of our indigenous people, we have always been discriminated against by society, by the upper class mestizos. Only the mestizos had the opportunity to study in high school and at the university and to prepare for a profession, because formerly they charged tuition to attend high school. Now it is free and all can go. But before it was too costly and the indigenous students couldn’t afford to attend. Very few indigenous people were able to get an education. For that reason, it is my great desire to seize this opportunity to study and to achieve my goal and to demonstrate to others that indigenous women are also capable of earning a degree and becoming professionals. And, also that they can contribute to society, because it is with professionals that one builds a society.

In the past, women were discriminated against and only men could prepare for a career. Women were expected to simply work at home taking care of the children and the household and were not able to study. But currently, at this time, it is alright for women to study, because education is for everyone. Of course, society is still a bit “ machista,” but I haven’t experienced much problem with this at present. Before, yes, but not so much now.

Now there are many careers open to women such as secretaries, accountants, business administrators, police, and firefighters, and there is a revolution in women’s roles. Now there are better opportunities for women in the world of work.

I wanted to start a career as a lawyer, but on the university entrance exam, I didn’t earn a high enough score to get government support for a law degree. So they said I should study psychology at the university in Quito. But my parents did not have enough money to send me to Quito so I had to turn down that opportunity. Instead I worked for a year and a half in Panecillo, helping a friend run her store. But I felt very frustrated in my effort to get a degree and to improve my life by finding a profession.

That is when the Tandana Foundation said to me, let’s see if we can help you with your goal. They suggested I apply to The Pontifical Catholic University in Ibarra, a private university, and if accepted, Tandana would pay 50% of the cost. So I applied to study law there, and after reviewing my paperwork, the university offered to reduce the cost of tuition by half, from $1800 per semester to $900. So with Tandana helping me to cover these costs, including transportation and supplies, that is how I am able to attend university.

Thank God the foundation was able to help me and that the university was willing to reduce the tuition. Otherwise I couldn’t have gone. Because I always thought this university in Ibarra was just for people with a lot of money. I never thought I would be studying at such an expensive university. There are a few other indigenous women students studying there since now there are more opportunities for grants and reduced tuition which opens doors for them. Formerly, the university was exclusively for the rich and for Catholics. But now that is not the case and the university is open to students of all faiths and backgrounds.

At first I was a little worried that I would experience discrimination because of not having a lot of money and being indigenous, but that hasn’t been the case. My classmates have been friendly and open, willing to help when possible. Even when I go to important university events dressed in my traditional indigenous clothing, people have told me that they are glad to see indigenous women studying at the university and working to improve life for themselves and for society, because they have heard that indigenous women weren’t able to study or excel.

Now I am studying to be a lawyer because what interests me is to help society, to help those who need it (and can’t afford it). There was a problem in our family when someone was unjustly sentenced to many years in prison despite not being guilty. It was so unjust! I realized that there are many people who suffer unjustly simply because they don’t have the money for a lawyer to defend them. So, as a result, I have chosen to become a lawyer, because then I can help those who are without recourse. That is what motivates me. If I have a client who can’t afford to pay me, and needs my help, I will help him for free, and with all my heart.

I love what I am doing because I see that it is important to help others, whatever profession one has, to help those in need and not to feel superior to others. We can be humble because we too have come from below.

Mónica López

I am still studying for my law degree and am three semesters from graduation. I have classes Monday to Friday and must be in Ibarra all day, which means I have the expense of daily bus transportation and eating away from home. Most of my classes this semester are in the evening from 6 to 10 p.m. I don’t get home until 11:30 p.m. or even midnight. Every night I ride the bus from Ibarra to the park in Otavalo where I meet my dad and we walk home together, a 45 minute walk. For other students it is easier because their parents pick them up in a car, or they can afford a taxi. But for me it is much more complicated because we don’t have a car and I can’t afford an expensive taxi ride of $4. All this semester my dad has been doing this for me. Sometimes a car comes by and gives us a ride, but not often.

When I finish my law studies I will focus on family rights – the rights of women and children, issues of abandonment, and the rights of those unjustly accused. This semester I am studying about workers’ rights and the injustice of management, when they fail to pay workers the salary owed, or demand they work extra hours without pay.

My own father wasn’t working recently because they didn’t pay him for the work he did. He has always worked in the fields doing rose cultivation. Now he has gone to work in the fields of an hacienda raising crops. This is very hard outdoor work in all kinds of weather and not well paid, but it is how he has supported a large family. My father wants all of his children to have our own profession and he doesn’t want us to quit our schooling. My brother and three sisters are all studying. My third sister is finishing high school and also wants to study for a profession.

I want to thank The Tandana Foundation because it has been a great help and support to us in what we are trying to achieve. It is so admirable that people in other countries that we don’t know have confidence in us and say, good, we will give you this help, since often even our own families can’t or won’t help. And I thank the Tandana Foundation and all the people who are part of the Foundation, because, thanks to you, many people who couldn’t afford to study for economic reasons, have graduated and are working, or are studying. I am so grateful because you have opened many doors and helped many families in poverty to improve their lives.”

Français

Comment la foi, la famille et le financement ouvrent des portes

Mónica López est une jeune femme avec une forte foi en Dieu, comme en témoigne le t-shirt qu’elle portait lors de notre entretien, avec une représentation du Lion de Juda. Comme le Lion, sa foi lui a donné la force et la détermination nécessaires pour réussir. Voici l’histoire de Monica, racontée avec ses propres mots et extraite de l’interview.

Mónica López

«Je suis né à Quichinche dans une famille de cinq enfants, sept personnes dont mes parents. Nos parents ont toujours voulu que nous nous efforcions d’exceller, d’apprendre et d’étudier. Ils nous ont emmenés à l’école primaire de Quichinche et ont veillé que nous terminions tous l’école ici [jusqu’à la 6e année].

Je suis l’aîné des enfants. J’ai donc eu l’opportunité d’aller au lycée à Otavalo. Tandana m’a aidé à payer les frais d’aller au lycée [transport et fournitures scolaires] parce que j’étais l’un des élèves avec les meilleures notes à l’école. Il y a une dizaine d’années lorsque mon professeur nous a dit qu’il y avait des subventions disponibles et de faire une demande à Anita et Don Vicente qui supervisaient le programme de bourses. Nous étions donc heureux de le faire, car mon grand désir était d’étudier et de me préparer. Cela a toujours été mon objectif, car dans l’histoire de notre peuple autochtone, nous avons toujours été victimes de discrimination de la part de la société, des métis de la classe supérieure. Seuls les métis avaient la possibilité d’étudier au lycée et à l’université et de se préparer à une profession, car autrefois ils facturaient des frais de scolarité pour aller au lycée. Maintenant, c’est gratuit et tous peuvent étudier.  Mais avant, c’était trop coûteux et les étudiants autochtones n’avaient pas les moyens d’y assister. Très peu d’autochtones ont pu obtenir une éducation. C’est pour cette raison que je souhaite vivement saisir cette opportunité d’étudier et d’atteindre mon objectif et de démontrer aux autres que les femmes autochtones sont également capables d’obtenir un diplôme et de devenir des professionnelles. Et aussi qu’ils peuvent contribuer à la société, car c’est avec des professionnels que l’on construit une société.

Dans le passé, les femmes étaient victimes de discrimination et seuls les hommes pouvaient se préparer à une carrière. Les femmes devaient simplement travailler à la maison pour s’occuper des enfants et du ménage et ne pouvaient pas étudier. Mais actuellement, en ce moment, il n’y a pas de problème pour les femmes qui souhaitent étudier, car l’éducation est pour tout le monde. Bien sûr, la société est encore un peu «machiste» mais je n’ai pas rencontré beaucoup de problèmes avec cela actuellement. Avant, oui, mais pas tellement maintenant.

Aujourd’hui, des nombreuses carrières sont ouvertes aux femmes telles que les secrétaires, les comptables, les administrateurs d’entreprises, la police et les pompiers et il y a une révolution dans les rôles des femmes. Il existe des meilleures opportunités pour les femmes dans le monde du travail.

Je voulais suivre une carrière d’avocat, mais à l’examen d’entrée à l’université, je n’avais pas un score assez élevé. Alors ils ont dit que je devrais étudier la psychologie à l’université de Quito. Mais mes parents n’avaient pas assez d’argent pour m’envoyer à Quito, j’ai donc dû refuser cette opportunité. Au lieu de cela, j’ai travaillé pendant un an et demi à Panecillo, aidant une amie à gérer son magasin. Mais je me sentais très frustré dans mes efforts pour obtenir un diplôme et pour améliorer ma vie en trouvant un métier.

C’est à ce moment que la Fondation Tandana m’a dit: voyons si nous pouvons vous aider à atteindre votre objectif. Ils m’ont suggéré de postuler à l’Université pontificale catholique d’Ibarra, une université privée, et si j’était acceptée, Tandana paierait 50% du coût. J’ai donc postulé pour étudier le droit là-bas, et après avoir examiné mes documents, l’université a proposé de réduire de moitié les frais de scolarité, de 1 800 $ par semestre à 900 $. Donc, avec Tandana qui m’aide à couvrir ces frais, le transport et les fournitures, c’est ainsi que je peux aller à l’université.

Dieu merci, la Fondation a pu m’aider et que l’université était disposée à réduire les frais de scolarité. Sinon, je n’aurais pas pu y aller. Parce que j’ai toujours pensé que cette université d’Ibarra était juste pour les gens avec beaucoup d’argent. Je n’ai jamais pensé que j’étudierais dans une université aussi chère. Il y a quelques autres étudiantes autochtones qui étudient là-bas parce qu’il y a maintenant plus de possibilités de bourses et de réduction des frais de scolarité, ce qui leur ouvre des portes. Autrefois, l’université était exclusivement réservée aux riches et aux catholiques. Mais maintenant ce n’est pas le cas et l’université est ouverte aux étudiants de toutes confessions et origines.

Au début, je craignais un peu d’être victime de discrimination parce que je n’avais pas beaucoup d’argent et parce que je suis autochtone, mais cela n’a pas été le cas. Mes camarades de classe ont été sympathiques et ouverts, prêts à aider lorsque cela était possible. Même lorsque je vais à d’importants événements universitaires vêtus de mes vêtements traditionnels autochtones, les gens m’ont dit qu’ils étaient heureux de voir des femmes autochtones étudier à l’université et travailler à améliorer la vie pour elles-mêmes et pour la société, car elles ont entendu dire que les femmes autochtones n’étaient pas capable d’étudier ou d’exceller.

Maintenant, j’étudie pour devenir avocate parce que ce qui m’intéresse est d’aider la société, d’aider ceux qui en ont besoin (et qui n’en ont pas les moyens). Il y avait un problème dans notre famille quand quelqu’un a été injustement condamné à de nombreuses années de prison alors qu’il n’était pas coupable. C’était tellement injuste! Je me suis rendu compte que de nombreuses personnes souffraient injustement simplement parce qu’elles n’avaient pas l’argent nécessaire pour se faire défendre par un avocat. Comme résultat, j’ai choisi de devenir avocat, parce qu’alors je peux aider ceux qui sont sans recours. C’est ce qui me motive. Si j’ai un client qui n’a pas les moyens de me payer et qui a besoin de mon aide, je l’aiderai gratuitement et de tout mon cœur.

J’aime ce que je fais parce que je vois qu’il est important d’aider les autres, quel que soit le métier que l’on suit, d’aider ceux qui sont dans le besoin et de ne pas se sentir supérieur aux autres. Nous pouvons être humbles parce que nous aussi, nous venons d’en bas.

Mónica López

Je continue avec mes études pour obtenir mon diplôme en droit. J’ai des cours du lundi au vendredi et je dois être à Ibarra toute la journée, ce qui signifie que j’ai les frais de transport quotidien en bus et de repas à l’extérieur. La plupart de mes cours ce semestre ont lieu le soir de 18h à 22h.

Je ne rentre pas chez moi avant 11h30 ou même minuit. Chaque nuit, je prends le bus d’Ibarra jusqu’au parc d’Otavalo où je rencontre mon père et nous rentrons ensemble à pied, à 45 minutes de marche. Pour les autres étudiants, c’est plus facile parce que leurs parents viennent les chercher en voiture ou qu’ils peuvent se payer un taxi. Mais pour moi, c’est beaucoup plus compliqué parce que nous n’avons pas de voiture et que je n’ai pas les moyens de payer un trajet en taxi coûteux de 4 $. Tout ce semestre, mon père a fait ça pour moi. Parfois, une voiture passe et nous conduit, mais pas souvent.

Lorsque j’aurai terminé ma carrière en droit, je me concentrerai sur les droits de la famille – les droits des femmes et des enfants, les questions d’abandon et les droits des personnes injustement accusées. Ce semestre, j’étudie les droits des travailleurs et l’injustice de la direction, quand ils ne versent pas aux travailleurs le salaire dû ou exigent qu’ils travaillent des heures supplémentaires sans salaire.

Mon propre père ne travaillait pas récemment parce qu’ils ne le payaient pas pour le travail qu’il faisait. Il a toujours travaillé dans les champs en cultivant des roses. Maintenant, il est allé travailler dans les champs d’une hacienda cultivant des cultures. C’est un travail extérieur très difficile dans toutes sortes de conditions météorologiques, mais c’est ainsi qu’il a soutenu une famille nombreuse. Mon père veut que tous ses enfants aient notre propre profession et il ne veut pas que nous abandonnions nos études. Mon frère et mes trois sœurs étudient tous. Ma troisième sœur termine ses études secondaires et souhaite également étudier pour une profession.

Je tiens à remercier la Fondation Tandana parce qu’elle nous a beaucoup aidés et soutenus dans ce que nous essayons de réaliser. Il est si admirable que des gens d’autres pays que nous ne connaissons pas aient confiance en nous et disent, bien, nous vous apporterons cette aide, car souvent même nos propres familles ne peuvent pas ou ne veulent pas vous aider. Et je remercie la Fondation Tandana et toutes les personnes qui en font partie, car, grâce à vous, de nombreuses personnes qui n’avaient pas les moyens d’étudier pour des raisons économiques, ont obtenu leur diplôme et travaillent ou étudient. Je vous suis très reconnaissant car vous avez ouvert de nombreuses portes et aidé de nombreuses familles pauvres à améliorer leur vie. “

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