Belén and the Medical Clinics

Playing with cousins and neighborhood friends in the town river, a player on several basketball teams, her high school’s best chemistry student, and a traditionally clad member of an Andean dance troupe, María Belén Cachimuel’s early years suggested that she would use her many talents to become a versatile woman with a clear role in her community. She began by helping her family to make and sell crafts in the Plaza des Ponchos, a famous local handicrafts market.  At thirty, recently graduated from law school and learning the practical side of her profession on the job, she is fully living up to expectations.  Her long-term goal, though, was decisively shaped by the time she spent volunteering for Tandana’s twice-a-year medical clinics for underserved people in outlying indigenous communities around Otavalo, Ecuador.  

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       Her life blossomed when she was eight, the time when her strongly bonded family, including her four siblings, moved out of a rented house in Otavalo and into their own place in the nearby community of Cotama. She had lots of relatives in the neighborhood, and the village had what it took to raise her well. Her strength, coordination, and sharp mind flowered in the leadership role she took on the basketball court, and on the dance floor.  Although she wasn’t comfortable dancing at first, her friends enticed her to join in the fun, and she has now been twirling and stepping in sync with them for nine years. Although their outfits are traditional, and some of their dances, too – the fandango, for instance, a blend of Spanish colonial and indigenous cultural heritage – they are keen to portray the emotional realities of life today, calling themselves a contemporary Andean dance company. They also perform at ancestral festivals.

The most important one is the big summer solstice festival, Inti Raymi, celebrating the harvest. It lasts all night, with dancers and musicians going door-to-door to provide music and dancing in return for homemade holiday food.  As a member of an industrious and self-reliant family, she seemed to have a prosperous future in store for her as a chemist. But she was delayed three years in taking the college entrance exam required to major in chemistry.  She had forgotten a lot and there were questions on subjects she hadn’t studied in depth – particularly physics and math – so her score came out too low for acceptance into the chemistry program.

In choosing what would be a good alternative major, she remembered her strong emotional bond to helping others, and particularly what she felt when volunteering with the Tandana medical clinics. In addition to helping with activities not requiring medical training, she was impressed by the doctors, nurses, and other professionals in the field donating their time and energies to helping poor people. She stresses that the whole experience was a very big motivator and that in the future she hopes to work for a similar foundation.

She chose law as a career that enables that same sort of compassionate interaction. She has, to cite one example, seen and been angered by the frequent cases of fraud in which illiterate indigenous people are cheated out of their land, and their legal rights in general. Since she was working in the family’s craft business in the Plaza, she, like her brother, decided to attend the University of Otavalo, which is close by in the middle of town. Although it is a private university, with a Tandana scholarship to supplement her earnings and her family’s contribution, she was able to cover the tuition.

Belén knows two other women who are indigenous lawyers, both working in government offices, one as a secretary in the Criminal Justice department.  For herself, she looks forward – with some trepidation that she frankly confesses – to taking cases to court on her own. For now, she is gathering detailed knowledge and the experience of legal practice by working as a lawyer’s assistant. She is convinced it is necessary to specialize, and hopes to earn enough money to make it possible for her to attend graduate school in Quito and earn a M.A. in criminal law.

As to the question of why one encounters so many professional women who are about 30 and single, her answer is direct and personal. Her mother wanted keenly to have her own daughters escape the suffering inflicted by traditional machismo, and so gave them all great freedom to pursue professional careers. She wants her daughters to develop their abilities and to rise in society, and that is something clearly understood to mean further advanced study. She herself acknowledges that it is essential to do what makes sense at each stage of life.  A husband who is the right partner will appear when the time is right.

By Barbara Coddington and Clark Colahan

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Belén y las Brigadas Médicas

Jugando con primos y amigos del vecindario en el río de la ciudad, jugadora en varios equipos de baloncesto, la mejor estudiante de química de su escuela secundaria y miembro de un  un grupo de danza tradicional Andina, los primeros años de María Belén Cachimuel sugirieron que usaría sus muchos talentos para   convertirse en una mujer polivalente, con un papel claro en su comunidad.  Comenzó ayudando a su familia a hacer y vender artesanías en la Plaza des Ponchos, un famoso mercado local de artesanías.  A los treinta años, recién graduada de la facultad de derecho y aprendiendo el lado práctico de su profesión en el trabajo, está cumpliendo plenamente con las expectativas.  Su objetivo a largo plazo, sin embargo, fue moldeado decisivamente por el tiempo que pasó como voluntaria, dos veces al año, en las clínicas médicas de Tandana para personas desatendidas en las comunidades indígenas periféricas alrededor de Otavalo, Ecuador.

Su vida floreció cuando tenía ocho años, y su familia fuertemente unida, incluidos sus cuatro hermanos, se mudaron de una casa alquilada en Otavalo a su propio lugar en la cercana comunidad de Cotama.  Tenía muchos parientes en el vecindario y el pueblo tenía lo necesario para criarla bien. Su fuerza, coordinación y mente aguda florecieron en el papel de liderazgo que asumió en la cancha de baloncesto y en la pista de baile.  Aunque no se sentía cómoda bailando al principio, sus amigos la incitaron a que se uniera a la diversión, y ahora ha estado girando y dando vueltas en sincronía con ellos durante nueve años.  Aunque sus atuendos son tradicionales, y también algunos de sus bailes, el fandango, por ejemplo, una mezcla de herencia cultural indígena y colonial española, están ansiosos por retratar las realidades emocionales de la vida actual, llamándose a sí mismos una compañía de danza andina contemporánea.  También actúan en festivales ancestrales.  El más importante es el gran festival del solsticio de verano, el Inti Raymi, que celebra la cosecha.  Dura toda la noche, con bailarines y músicos yendo de puerta en puerta para ofrecer música y baile a cambio de comida casera para las fiestas.  Como integrante de una familia trabajadora y autosuficiente, parecía tener un próspero futuro reservado para ella como química.  Pero se retrasó tres años en tomar el examen de ingreso a la universidad requerido para especializarse en química.  Había olvidado muchas cosas y habían preguntas sobre temas que no había estudiado en profundidad, en particular física y matemáticas, por lo que su puntuación resultó demasiado baja para ser aceptada en el programa de química.

Al elegir lo que sería una buena alternativa de especialización, recordó su fuerte vínculo emocional para ayudar a los demás y, en particular, lo que sintió cuando se ofreció como voluntaria en las clínicas médicas de Tandana.  Además de ayudar con actividades que no requieren formación médica, quedó impresionada por los médicos, enfermeras y otros profesionales en el campo que donaron su tiempo y energías para ayudar a los pobres.  Ella enfatiza que toda la experiencia fue un gran motivador y que en el futuro espera trabajar para una fundación similar.

Ella eligió la abogacía como una carrera que permite ese mismo tipo de interacción compasiva.  Ella, por citar un ejemplo, ha visto y se ha enojado por los frecuentes casos de fraude en los que los indígenas analfabetos son despojados de sus tierras y sus derechos legales en general.  Como trabajaba en el negocio de artesanías de la familia en la Plaza, ella, como su hermano, decidieron asistir a la Universidad de Otavalo, que está cerca del centro del pueblo.  Aunque es una universidad privada, con una beca de  Tandana para complementar sus ingresos y la contribución de su familia, pudo cubrir la matrícula.

Belén conoce a otras dos abogadas indígenas, ambas en oficinas gubernamentales, una como secretaria en el departamento de Justicia Penal.  En lo que a ella respecta, espera, con cierta inquietud que confiesa francamente, llevar los casos a los tribunales por su cuenta.  Por ahora, está acumulando conocimientos detallados y la experiencia de la práctica jurídica trabajando como asistente de abogado.  Está convencida de que es necesario especializarse y espera ganar suficiente dinero para que pueda asistir a la escuela de posgrado en Quito y obtener una maestría en derecho penal.

En cuanto a la pregunta de por qué uno se encuentra con tantas mujeres profesionales que tienen unos treinta años y son solteras, su respuesta es directa y personal.  Su madre deseaba fervientemente que sus propias hijas escaparan del sufrimiento infligido por el machismo tradicional, por lo que les dio a todas una gran libertad para seguir una carrera profesional.  Quiere que sus hijas desarrollen sus habilidades y asciendan en la sociedad, y eso es algo que se entiende claramente como un estudio más avanzado.  Ella misma reconoce que es fundamental hacer lo que tiene sentido en cada etapa de la vida.  Un marido que sea el socio adecuado aparecerá cuando sea el momento adecuado.

Por Barbara Coddington y Clark Colahan

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Belén et les cliniques médicales

Jouant avec des cousins et des amis du quartier dans la rivière de la ville, jouant dans plusieurs équipes de basket-ball, meilleure élève en chimie de son lycée et membre d’une troupe de danse andine en tenue traditionnelle, les premières années de María Belén Cachimuel lui ont laissé entendre qu’elle allait utiliser ses nombreux talents pour devenir une femme polyvalente jouant un rôle clair dans sa communauté. Elle a commencé par aider sa famille à fabriquer et à vendre des produits artisanaux sur la Plaza des Ponchos, un célèbre marché d’artisanat local.  À trente ans, récemment diplômée de la faculté de droit et apprenant le côté pratique de sa profession sur le tas, elle est pleinement à la hauteur des attentes.  Son objectif à long terme, cependant, a été déterminé par le temps qu’elle a passé à faire du bénévolat dans les cliniques médicales de Tandana, deux fois par an, pour les personnes défavorisées des communautés indigènes périphériques d’Otavalo, en Équateur.  

       Sa vie s’est épanouie à l’âge de huit ans, lorsque sa famille très unie, dont ses quatre frères et sœurs, a quitté une maison louée à Otavalo pour s’installer dans la communauté voisine de Cotama. Elle avait beaucoup de parents dans le voisinage, et le village avait ce qu’il fallait pour bien l’élever. Sa force, sa coordination et son esprit vif se sont épanouis dans le rôle de leader qu’elle a assumé sur le terrain de basket-ball et sur la piste de danse.  Bien qu’elle n’ait pas été à l’aise pour danser au début, ses amis l’ont incitée à se joindre à la fête, et elle tourne et se synchronise avec eux depuis neuf ans. Bien que leurs costumes soient traditionnels et que certaines de leurs danses soient également traditionnelles – le fandango, par exemple, un mélange d’héritage culturel colonial espagnol et indigène -, ils tiennent à dépeindre les réalités émotionnelles de la vie d’aujourd’hui, se qualifiant de compagnie de danse andine contemporaine. Ils se produisent également lors de festivals ancestraux. Le plus important est le grand festival du solstice d’été, Inti Raymi, qui célèbre la récolte. Il dure toute la nuit, avec des danseurs et des musiciens qui font du porte-à-porte pour offrir de la musique et de la danse en échange de plats de fête faits maison.  Membre d’une famille industrieuse et autonome, elle semble avoir un avenir prospère en tant que chimiste.  Mais elle a été retardée de trois ans pour passer l’examen d’entrée à l’université requis pour se spécialiser en chimie.  Elle avait beaucoup oublié et il y avait des questions sur des sujets qu’elle n’avait pas étudiés en profondeur – en particulier la physique et les mathématiques – de sorte que sa note était trop basse pour être acceptée dans le programme de chimie.

En choisissant ce qui serait une bonne alternative à la filiere, elle s’est souvenue de son fort lien émotionnel avec l’aide aux autres, et en particulier de ce qu’elle ressentait lorsqu’elle faisait du bénévolat dans les cliniques médicales de Tandana. En plus d’aider dans des activités ne nécessitant pas de formation médicale, elle a été impressionnée par les médecins, les infirmières et les autres professionnels du domaine qui donnent de leur temps et de leur énergie pour aider les pauvres. Elle souligne que toute cette expérience a été une très grande source de motivation et qu’elle espère travailler à l’avenir pour une fondation similaire.

Elle a choisi le droit comme carrière qui permet ce même type d’interaction compatissante. Elle a, pour citer un exemple, vu les cas fréquents de fraude dans lesquels des indigènes illettrés sont spoliés de leurs terres et de leurs droits légaux en général, et s’est sentie en colère. Comme elle travaillait dans l’entreprise artisanale familiale de la Plaza, elle a décidé, comme son frère, de fréquenter l’université d’Otavalo, qui se trouve à proximité, en pleine ville. Bien qu’il s’agisse d’une université privée, avec une bourse Tandana pour compléter ses revenus et la contribution de sa famille, elle a pu couvrir les frais de scolarité.

Belén connaît deux autres femmes qui sont des avocates indigènes, toutes deux travaillant dans des bureaux gouvernementaux, l’une en tant que secrétaire au département de la justice pénale.  Pour sa part, elle se réjouit – avec une certaine appréhension qu’elle avoue franchement – à l’idée de porter elle-même des affaires devant les tribunaux. Pour l’instant, elle rassemble des connaissances détaillées et l’expérience de la pratique juridique en travaillant comme assistante d’avocat. Elle est convaincue qu’il est nécessaire de se spécialiser et espère gagner suffisamment d’argent pour pouvoir suivre des études supérieures à Quito et obtenir une maîtrise en droit pénal.

Quant à la question de savoir pourquoi on rencontre tant de femmes professionnelles qui ont environ 30 ans et sont célibataires, sa réponse est directe et personnelle. Sa mère voulait ardemment que ses propres filles échappent aux souffrances infligées par le machisme traditionnel, et leur a donc donné à toutes une grande liberté pour poursuivre leur carrière professionnelle. Elle veut que ses filles développent leurs capacités et s’élèvent dans la société, ce qui signifie clairement qu’elles doivent poursuivre des études supérieures. Elle reconnaît elle-même qu’il est essentiel de faire ce qui a un sens à chaque étape de la vie.  Un mari qui est le bon partenaire apparaîtra le moment venu.

Par Barbara Coddington y Clark Colahan

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